¿Por qué mueren las mujeres en manos de sus parejas?
- rdvconsultoriameto
- 7 oct 2024
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Por: Maira Mora Dugarte. Presidenta de la Fundación Red De Vida
Nos matan desde los inicios de la sociedad humana, desde que quisimos construir un mundo sin jerarquías, sin la supremacía de las guerras -génesis contra natura de los pactos de convivencia pacífica-.
Nos matan desde que nos pusimos de pie e intentamos proclamar una igualdad que nunca hemos alcanzado hasta ahora.
Nos matan en un presente perpetuo por la fuerza bruta cuando, aun defendiéndonos en ese acto final, no podemos evitar que nos arrojen por una ventana, nos estrangulen, nos atropellen por la calle, nos den una cuchillada, un balazo o un golpe preciso.
Nos matan simbólicamente millones de veces en una vida cuando violan y vejan nuestro cuerpo o nos maltratan física y psicológicamente…
(Graciela Atencio, 2004, Apuntes conjeturales y periodísticos para una novela).
Quien puede pensar, imaginar sospechar, que la persona que una vez te llenó de flores, de besos y de “amor” de pronto un día se convierte en tu verdugo, tan violento y tan intimidante que prefieres seguir con él porque el solo pensar abandonarlo puede significar que te quite la vida. Y las noticias que vemos a diario, nos convencen de que es así, de que puedes ser tú, entonces, prefieres continuar con una relación que te hace infeliz y que no tiene nada de agradable.
Esta realidad la observamos constantemente en nuestro trabajo desde la Fundación Red De Vida.
Es una situación alarmante y las instituciones del Estado, los organismos internacionales, las normativas convenios y convenciones, han alertado de este problema, decretando todos los 25 de cada mes el día naranja. ¿De dónde viene el día naranja? En todo el mundo, cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, decretado oficialmente por la ONU en 1999. No obstante, en América Latina esta fecha se conmemora desde varios años atrás, en 1981, para recordar el asesinato de las tres hermanas dominicanas asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por orden del dictador Rafael Leónidas Trujillo, del que eran opositoras.
De allí que este movimiento surge para visibilizar la violencia que sufren las mujeres alrededor del planeta se celebra no solo cada 25 de noviembre, sino cada 25 de mes. Este día forma parte de una gran campaña nombrada Campaña Naranja ÚNETE, puesta en marcha en 2008 por el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas y que tiene el objetivo de generar consciencia para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres y niñas. En este contexto escribo estas líneas hoy para reflexionar sobre esta triste realidad.
A pesar de todas esas campañas, mencionadas anteriormente, en el mundo continúan muriendo mujeres en manos de sus parejas o exparejas. Esto amerita que levantemos la voz, que nos movilicemos, que no agotemos las palabras ni las letras para develar quien o quienes, a todas luces, nos están matando.
La violencia contra la mujer ha sido investigada desde diversas perspectivas, entre ellas, la criminología, la sociología, el derecho, los especialistas en derechos humanos, la salud pública y psicología. De esas investigaciones empíricas y teóricas han surgido diversas explicaciones. Si bien difieren en la importancia que asignan a los distintos factores individuales y sociales su explicación, todas ellas han llegado a la conclusión de que no hay una causa única que explique adecuadamente la violencia contra la mujer.
Sin embargo, la profundización de los movimientos feministas, ha develado la necesidad de comprender que la violencia tiene su fundamento en razones estructurales: implica las relaciones de poder hombre/mujer cuando históricamente se nos impusieron unos roles a unos y a otros ejerciendo el hombre un poder sobre el cuerpo de la mujer, sobre su mente y hasta su alma, todo ello legitimado culturalmente, es lo que viene a denominarse la estructura patriarcal del mundo. Un mundo androcéntrico basado en la hegemonía del hombre sobre la mujer. Dicha violencia entonces, es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre las mujeres y los hombres que se refleja en la vida pública y privada.
Pasaron muchos años y grandes luchas, muchas muertes de mujeres, mucha violencia y discriminación, hasta que se reconoció que la violencia contra la mujer es una forma de discriminación y, por consiguiente, una violación de los Derechos Humanos. Y que no solo se violenta físicamente a las mujeres, sino que existen muchas formas de violencia: psicológica, económica, comunicacional, política.
Estos aspectos, sirven para comprender el contexto general de la violencia, así como los principales factores de riesgo relacionados. En este sentido, la violencia contra la mujer no está limitada a una cultura, una región o un país determinados, o a determinados grupos de mujeres dentro de una sociedad.
Sin embargo, las distintas manifestaciones de dicha violencia y la experiencia personal de las mujeres que la sufren están moldeadas por numerosos factores, entre ellos, la condición económica, la raza, el origen étnico, la clase, la edad, la orientación sexual, la identidad de género, la discapacidad, la nacionalidad, la religión y la cultura.
Los estudios feministas también pusieron en evidencia las diferentes formas de manifestación de la violencia basada en el género al permitir identificarla y relacionarla con pautas culturales y sociales diferenciadas para ambos sexos, dentro de una sociedad dividida en clases sociales y donde las diferencias se convierten en desigualdades. De este modo, se evitó reducir la violencia a experiencias individuales y/o causales y se destacó su carácter sociocultural, logrando facilitar la comprensión sobre cómo se articulan las relaciones de poder, la violencia y los roles de género que conducen a la discriminación y al abuso del poder.
En este sentido, Soledad Weinstein (1991) señala que la discriminación origina relaciones de subordinación y de dominio en las que la violencia constituye una forma de ejercer poder expresado en la estructura social y reproducida en la familia y en otros subsistemas sociales. Refiere, además, la autora, que la violencia estructural o institucionalizada que se manifiesta en los sistemas políticos, económicos y sociales se materializan en situaciones francamente discriminatorias, reforzando así las condiciones sociales que implican violencia directa en toda la sociedad. Estas relaciones discriminatorias se concretan también, mediante variadas modalidades simbólicas de violencia en todos los ámbitos, ya que el paradigma de la violencia simbólica es, como bien lo señala Velásquez (2001), precisamente el género.
Ahora, bien tal como señala el título del presente articulo ¿ Por qué mueren las mujeres en manos de sus parejas?, hace ineludiblemente referencia a una de las formas de violencia más nefastas, la cual es darle muerte a una mujer por razones de género.
El término femicidio fue acuñado por la feminista sudafricana Diana Russell y la estadounidense Jill Radford (1992) con el fin de evidenciar que el asesinato misógino de mujeres es un tipo de violencia de género. Dicho término al castellano, fue desarrollado por la mexicana Marcela Lagarde (2006) para contrastar estos asesinatos no como homicidio de mujeres, sino parte de un concepto complejo que refiere a las condiciones de violencia que se dan por acción u omisión de las personas e instituciones que conforman la estructura social.
Así, estos asesinatos dejan de ser concebidos como un acto perpetrado por un hombre contra una mujer, para ser entendidos como la manifestación de una estructura social misógina, que tiene como base el poder y control sobre el cuerpo de las mujeres, y hace parte del continuo de violencias que se ejercen para sostener la subordinación femenina en las sociedades patriarcales, por tanto, el feminicidio es el resultante de la violencia continua que tiene un sistema de valores, la instituciones y los hombres contra la existencia en dignidad de la mujer.
Sobre dicha concepción, Serrano (2020), señala que el germen de este delito se encuentra en la forma violenta en que lo femenino ha sido degradado y desterrado de la conciencia individual y colectiva, en aras de sostener un sistema de dominio masculino (patriarcal) cimentado desde hace miles de años sobre la mujer.
A la par de este delito, nos encontramos con las nuevas modalidades de tráfico de mujeres y niñas a través de las herramientas digitales para reclutar a sus víctimas, como crimen de género vinculado a la explotación sexual. Al respecto, el Comité para la Eliminación de la Discriminación de la Mujer (CEDAW), ha exhortado a los gobiernos a tomar todas las medidas necesarias para eliminar ese flagelo, siendo denunciado por la ONU (2020), como uno de los problemas fundamentales de violencia con base en el género, a partir de las injusticias socioeconómicas hacia las mujeres y las niñas; las políticas migratorias y los sistemas de asilo con sesgos de género adoptado por numerosos países, siendo necesaria la erradicación de las normas y valores patriarcales formalizados en las leyes que facilitan el tráfico de niñas y los matrimonios forzados de niñas y adolescentes.
Vinculado al tráfico de mujeres y niñas, se muestra claramente la explotación laboral en primera instancia y la explotación sexual como finalidad concreta, en especial el de las mujeres en situación de pobreza, que implican la necesidad de optar por la migración y la transnacionalización del trabajo doméstico.
Al respecto, Alba Carosio (2009), sostiene que la feminización de la pobreza ha dado lugar a la «feminización de la sobrevivencia», donde la necesidad de simplemente sobrevivir hizo surgir el modelo de trabajadoras con capacidad de adaptación a horarios y a distintas tareas, sustituibles por otra que acepte las condiciones de sobreexplotación, que no gozan del derecho a la individuación y que aparecen como indiscernibles en la maquila o en otros procesos tayloristas donde la migración laboral, el tráfico y la prostitución son, cada vez más, aquellas salidas forzadas en el mundo para la supervivencia de miles de mujeres, manifestándose el patriarcado y el capitalismo neoliberal como nuevos ámbitos y formas de explotación económica y doméstica.
Aunque nos cuidemos, el femicidio, nos acecha silenciosamente por la única razón de ser mujeres, no sabemos cuándo, ni dónde, ni en qué condiciones podemos encontrar la muerte; puede ser en una reunión con compañeros de trabajo o de estudio, o en la intimidad de nuestros hogares a manos de nuestros compañeros sentimentales, a la salida de nuestro centro de estudios o de trabajo, a la salida de una tienda o en la soledad de una calle a plena luz del día.
En Venezuela, según la organización no gubernamental Utopix, al menos 78 mujeres han sido asesinadas en Venezuela entre principios de enero y finales de mayo de este 2024 -tres menos que en el mismo período de 2023-, a manos de personas que formaron parte de sus círculos cercanos, según los registros de la, que lleva este conteo extraoficial de los feminicidios en el país. "Durante los primeros cinco meses del año 2024, contabilizamos en nuestro subregistro a nivel nacional un total de 78 feminicidios consumados que fueron reseñados en diversos medios de comunicación", ha señalado el reporte.
Igualmente, el Centro de Justicia y Paz (Cepaz) afirma que desde el 1° de enero hasta el 30 de abril de 2024, el Observatorio Digital de Femicidios del documentó 58 femicidios consumados y 27 femicidios en grado de frustración en Venezuela. En promedio, hubo una acción femicida cada 33 horas en el país durante ese periodo.
También da cuenta, que treinta niños, niñas y adolescentes quedaron huérfanos y un niño presenció la muerte violenta de su madre. Nueve niñas fueron víctimas de femicidio infantil. De ellas, cuatro no llegaban a un año de edad. El femicidio infantil es el asesinato de una niña (menor de 11 años) cometido por un hombre en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder que le otorga su situación adulta sobre la minoría de edad de la niña.
Para el periodo documentado, las entidades donde se registraron mayor incidencia de femicidios consumados fueron Miranda con 9 casos; Zulia con 8 casos; y Distrito Capital con 7 casos. En cuanto a los femicidios frustrados, la mayor incidencia aparece registrada así: Zulia, 5 casos; Distrito Capital, Monagas, Carabobo, Bolívar y Barinas, 3 casos en cada entidad; y Táchira, 2 casos, Mérida 2 casos.
En este contexto la movilización de las mujeres, la organización del movimiento feminista y sus exigencias de justicia contra la violencia y contra el feminicidio, es vital que la sociedad en general conozca las graves consecuencias de la violencia de género y la realidad actual de los femicidios no solo en Venezuela sino en el mundo. Es imperativo la defensa de la protección de los derechos de la mujer a una vida libre de violencia, constituyéndose además de derechos constitucionales a lo interno de los Estados, en derecho humanos universales y metas de la agenda 2030 sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El fin de la violencia contra las mujeres exigirá mayor concientización de toda la sociedad de la realidad cultural que nos atrapa, implica esfuerzos colectivos y consolidar un movimiento social que luche por romper las brechas de género, pero también de clase y raza, que oprimen de manera multifactorial y que requiere también de respuestas multifactoriales, de políticas públicas que respondan a las realidades concretas.
Como parte de esta lucha urge tomar medidas inmediatas para poner fin a estas atrocidades, debiendo impulsarse, instrumentarse y desarrollarse acciones tendientes al cumplimiento del de todas las normativas nacionales e internacionales en las que se ha avanzado, pero que no terminan de cumplirse.
Garantizando de esta manera a las mujeres y niñas igualdad en el acceso a la educación, atención médica, seguridad, trabajo, vivienda digna y ejercicio pleno de sus derechos a una vida libre de violencia, construyamos una sociedad más equitativa y consciente de sus problemas reales.
REFERENCIAS
Atencio, G. (2004). ¿Por qué nos matan? Nos matan por ser mujeres. Recuperado de: http://www.mujeresenred.net/article.php3?id_article=8
Gamba Susana B. (Comp.).(2007) Diccionario de Estudios de Género y feminismos. Editorial Biblos. Buenos Aires.
Carosio, A. (2009). Feminismo latinoamericano: imperativo ético para la emancipación. Grupo de Trabajo: Emancipación; Feminismo; Género; América Latina. Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Recuperado de: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20140611041611/11caro.pdf
CEPAL. (2018). La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible: una oportunidad para América Latina y el Caribe. Santiago de Chile. Recuperado de: https://www.cepal.org/es
ONU. (2020). Feminicidios, una pandemia ignorada que requiere medidas urgentes. Entrevista a Dubravka Šimonovic. Recuperado de https://news.un.org/es/story/2020/11/1484502
ONU. (2020). La trata de mujeres y niñas se extiende al ciberespacio por medio de las redes sociales. Recuperado de: https://news.un.org/es/story/2020/11/1483922
ONU. (2020). México: expertas en derechos humanos piden a la policía proteger a las mujeres que protestan contra los feminicidios. Recuperado de: https://news.un.org/es/story/2020/11/1484402
Serrano, A. (2020). ¿Por qué nos matan? Una lectura desde la psicología analítica y el feminismo. En: La quiero a morir. Facetas y realidades del femicidio en el Ecuador. Centro de Publicaciones Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Recuperado de: https://www.researchgate.net/publication/339567674_POR_QUE_NOS_MATAN_UNA_LECTURA_DESDE_LA_PSICOLOGIA_ANALITICA_Y_EL_FEMINISMO_WHY_THEY_KILL_US_A_READING_FROM_ANALYTICAL_PSYCHOLOGY_AND_FEMINISM





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